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Sara Howard. (en construcción)

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Sara Howard. (en construcción)

Mensaje por Sara Howard el Sáb Feb 18, 2012 1:14 pm

Datos Principales



# Nombre Completo: Sara Alexandra Howard.
# Apodos: Howie.
# Nacionalidad: Inglesa.
# Fecha de nacimiento: 15/2/92.
# Edad: 20 años.
# Orientación Sexual: Bisexual.
# Enfermedad: Hipersexualidad, ninfómana.
# Nivel: 2


Descripciónes

# Descripción Psicológica: Es difícil encontrar las palabras adecuadas para describir la personalidad de Sara. Poco tiempo después de ingresar por primera vez en una clínica psiquiátrica su médico tratante había escrito en su historia clínica: "La paciente número 34, Sara Alexandra Howard acudió hoy por primera vez al servicio psiquiátrico de emergencia. Al llegar a la sala la observé sin que ella me viera, detrás del cristal. Parecía un mujer sana, estaba serena y no habían signos aparentes de depresión... aunque había algo ausente en ella, para tener 14 años estaba bastante "apagada". Luego entré en la habitación y esperé que se volteara, cosa que no hizo. Tras una breve presentación le expliqué cuales serían las medidas a tomar. Me escuchaba con indiferencia, con aire altanero y desafiante, incluso con cierta soberbia. Aquella tarde no dejé de pensar en ella".

Sara es una chica inteligente, incluso más inteligente que la mayoría de las chicas de su edad. Es carismática si la ocasión lo amerita y tranquila e incluso muy callada cuando está incómoda o se siente amenazada. No es especialmente conocida por ser simpática o divertida, sino más bien por su carácter fuerte y su naturaleza libre e impredecible. Suele ser muy decidida y no tiene miedo de decir y hacer lo que piensa, sin importar las consecuencias. Es una persona frontal -quizá demasiado- y para nada humilde. Le divierte retar a los demás, le gustan los desafíos y nunca se da por vencida. Desde pequeña ha tenido eventuales episodios de psicosis, por lo que desde siempre le costó relacionarse con los demás de forma sana. Es una joven inquieta, activa, altanera y sensual. Y quizá su sensualidad y su desmedido apetito sexual, cuya mayor expresión es su enfermedad actual son las cosas que la llevaron por los peores caminos de la vida, y aunque Sara es una mujer que no se deja dominar con facilidad, muchas veces tuvo la mala suerte de ceder ante la influencia de algunas de sus amistades. Sin embargo siempre que llega a algún sitio logra hacerse notar e imponerse, por lo que se le dan muy bien las actividades y situaciones que requieren de liderazgo.

Si tuviera que ser una flor, sería un lírio, por su sensualidad, por su delicadeza y su aparente fragilidad, Sara necesita de muchos cuidados y atención, le gusta que la admiren y la escuchen. Exótica e interesante, no es una flor común y corriente, sino una bella y extraña especie, y aunque Sara es una chica bastante común, sabe que por el contrario, es más especial y extraña que la mayoría. Tan variable de carácter y personalidad como las formas y colores de esta especie de flor.

Si tuviera que ser un animal, sin duda sería un gato, pequeño y aparentemente inofensivo, pero que en ese cuerpo sensual y estético esconde un cazador, alguien que siempre está al acecho, a la espera, atenta y precavida y alguien que atacará sin dudar apenas te descuides. Es soberbia e independiente, y aunque muchas veces necesita cariño y consuelo, es muy libre y prefiere la soledad que la compañía.

Si tuviera que ser un color, sería el rojo, rojo por pasión, rojo por fuego, rojo que consume todo a su paso, intenso y sensual... Pasional e irrefenable. Pero también volátil e inestable, tan frágil como peligrosa.

Si tuviera que ser un pecado, sería la lujuria. El deseo, la pasión, la carne, sobre todo la debilidad que le produce esta última... Que la quebranta y la corrompe. Su mayor problema y su mayor aficción, la lujuria la consume, le provoca placer y odio por ser como es. Es el pecado que le ha reservado un lugar en el infierno, es el pecado que la tiene cautiva tras los muros del manicomio.

Si tuviera que ser una piedra preciosa sería un diamante, hermosa ante todo, brillante, tanto como por su físico, como por su intelecto. Es llamativa y rara vez pasa desapercibida. Como la joya, también es dura, irrompible ente las miradas de los demás, aunque si encuentras su punto débil puedes hacerla caer.

# Descripción Física: Sara es una joven de rostro dulce e inocente, redondeado y pequeño. Sus facciones son suaves y delicadas, bien perfiladas y muy femeninas. Tiene unos enormes ojos celestes, enmarcados por gruesas pestañas negras y cejas perfectamente depiladas y una boca gruesa y bonita. Su cabello es rubio claro, ondeado y largo, y suele llevarlo suelto. De piel blanca, tersa y apenas tostada por el sol, es lo que muchos considerarían -al igual que su madre- una belleza bastante exótica. De complexión estilizada, es alta, como de 170cm y delgada (no ha tenido jamás trastornos alimenticios pero generalmente es difícil lograr que coma). Tiene curvas acentuadas, aunque no exageradas y andar grácil y dancístico. La mayoría del tiempo muestra una sonrisa anticipada y altanera, cuando se pone seria, todos sus rasgos delicados se endurecen mostrándose increíblemente severa. Muy gestual y expresiva a la hora de hablar, tiene una voz suave y armónica, algo aguda pero increíblemente atrayente. Le gusta vestirse a la moda y se preocupa mucho por su figura y su imagen.
Spoiler:


Historia

# Historia:
El doctor William Bosch tomó el archivo que su asistente personal acababa de colocar en el escritorio, sobre otro montón de papeles y documentos que esperaban su turno de ser hojeados. Solo el encuadernado de aquel montón de hojas había sido suficiente para que su curiosidad se interpusiera entre él y todo el trabajo acumulado que le esperaba. La carpeta provenía nada menos que de una de las más prestigiosas clínicas psiquiátricas de Berlín, Alemania. El Instituto Mental Weizblasch era una organización privada reconocida en todo el mundo por el alto nivel de su equipo médico, sus técnicas de tratamiento y rehabilitación innovadoras y los altísimos costos que pagaban los padres y familiares de los enfermos... además del elevado número de altas que se efectuaban cada día. William nunca había estado en Alemania, pero había recibido en su clínica privada a varios médicos del Weizblasch, y no tenía dudas de que eran de lo mejor que el mercado de la medicina tenía para ofrecer a sus pacientes. Con un gesto desganado encendió la portátil de su escritorio antiguo. Dejó el fichero y se acercó al pequeño bar -casi carente de provisiones- que se hallaba justo detrás de su asiento. Sirvió sin apuro una medida de escocés sin hielo y encendió un cigarro. Sus pensamientos divagaron un rato y se reprochó el seguir conservando esos hábitos que como bien sabía, acabarían matándole en cuestión de años... sin embargo aquella noche no estaba de ánimo para grandes cambios y el centro del placer en su corteza cerebral le rogaba por un poco de nicotina y etanol.

Miró detenidamente la tapa gris del archivo. Un gran título con letra imprenta mayúscula rezaba: Hospital Psiquiátrico Weizblasch 1825-2005, debajo el logo del hospital y más abajo el nombre de la paciente: Sara Alexandra Howard von Weizsäcker. William reconocía ese apellido... bien, todo el mundo en realidad conocía a la familia Howard von Weizsäcker, por lo menos en Europa Occidental. Jonnathan Howard un empresario millonario, involucrado en el negocio de los aviones, era dueño de tres compañías aéreas y varios hoteles de lujo en las costas mediterráneas. Juliet von Wizsäcker, ex Miss Universo, tenía ahora más de treinta años, pero su belleza no había mermado con el correr del tiempo -pues claro que no, Juliet fue, es y será una belleza digna de admirar- pensó el doctor. Si bien hacía tiempo se hablaba en las revistas de chismes y en la televisión de que el otrora feliz y ejemplar matrimonio de Juliet y Jonn prendía de un hilo, eso era solo la punta del iceberg. No solo la vida como pareja se había vuelto difícil, sino que el mayor de los problemas era su hija adolescente, Sara. William sonrió satisfecho al darse cuenta que una vez más los personajes más ricos de Inglaterra necesitaban de sus servicios. Abrió el expediente de Sara. Aunque había visto a la joven varias veces en el noticiero y en las tapas de las revistas más conocidas, jamás había notado su belleza y su mirada astuta pero llena de temor e incertidumbre. Sara era una mujer preciosa, de cabello rubio claro y ojos celestes. Debajo, con una letra casi inentendible estaba escrita su historia clínica. William buscó sus lentes de cerca entre el montón de papeles y maldijo en silencio a su cristalino. Los halló con rapidez, y embriagado por una extraña sensación de satisfacción personal, se dispuso a leer con detenimiento la historia de su nueva paciente.

12 de noviembre, 2007

Presión arterial estable 110/70 mmHg, apirética, 80lpm, eupneica(...) Alérgica a la penicilina (...) Le administramos 10 mg de diazepam (...) Desaparecieron los ataques de ira y dejó de hiperventilar, no constatamos alcalosis respiratoria (...) Paciente estable.

13 de noviembre, 2007

La paciente 115 reiteró esta mañana un episodio psicótico con alucinaciones visuales y auditivas de gran intensidad (...) fue diagnosticada con un trastorno de hipersexualiad en mayo del 2006 (...) la sedamos nuevamente para que se calmara y administramos haloperidol. No parece ser resistente a la medicación antipsicótica(...)

24 de diciembre, 2007

(...)¿Esquizofrenia delirante?(...) La paciente 115 perdió la conciencia (...)

William contempló como durante más de cuatro meses la joven había sido sedada y drogada una y otra vez debido a sus ataques de ira y brotes de psicosis. Volteó la hoja y encontró la letra de otro médico.

2 de marzo, 2009

La paciente número 115, Sara Howard fue localizada en una localidad cercana al hospital tras pasar más de 24 hrs prófuga, la policía la ubicó hace apenas dos horas y volvió a ser ingresada en el hospital sin demoras. Los signos vitales eran normales, el examen físico y paraclínico descartó drogas de todo tipo, pero hallamos lesiones en la región perineal, anal y vaginal. El forense a cargo indagó en busca de una posible violación, pero la paciente niega el suceso e insiste en que tuvo relaciones sexuales bajo su consentimiento con siete hombres en las últimas 24 hrs, incluyendo a su ex-médico tratante el doctor Albert Smith, quien fue expulsado de esta institución por violar las normas e involucrarse con una paciente.

William cerró la capeta y dió un sorbo al whisky -Una joven con trastorno hipersexual, una auténtica ninfómana, jamás tuve un paciente de tales características- pensó entusiasmado. Acabó de una pitada el cigarro y se marchó a su bonita casa de la calle St. Thomas, exhausto tras una interminable jornada laboral.

El reloj despertador emitió su ensordecedor chillido y William abrió los ojos asustado -¡Un día lograras matarme jodido aparato!- gritó mientras su mano caía sobre el botón de on/off. Tenía media hora para desayunar y leer el periódico, luego debía manejar hasta el Hospital donde se reuniría con Juliet y Jonnathan y más tarde iría a la sala donde estaba su paciente internada. Su esposa, Anne, había preparado café antes de marcharse a trabajar, era enfermera en el Preston Hospital de Londres. Mientras se servía una buena taza, pensó en lo simple y superficial que se había vuelto su matrimonio. Luego cogió el periódico que estaba sobre la mesa, lo leyó muy por arriba -bastante más desinteresado que de costumbre- y mientras tomaba su poco nutritivo desayuno agarró su portafolios y salió sin apuro. El viento había amainado, y el sol brillaba un tanto débil en el cielo encapotado. Algunas veces le hartaba el clima londinense y deseaba volver a Brasil, donde había tenido una luna de miel de ensueño varios años atrás. En menos de veinte minutos se hallaba en su despacho, despabilado y algo ansioso. Siempre le alegraba tener casos que desafiaran su capacidad como médico... al fin y al cabo hacía solo 7 años que se había recibido de psiquiatra, y en tan poco tiempo solo había visto desfilar por su consultorio esquizofrénicos, depresivos, suicidas y niños psicóticos... así que la joven Howard era su nuevo reto. Rosie, su asistente entró en la habitación arrancándolo bruscamente de sus pensamientos. -Doctor Bosch, el señor y la señora Howard están en la sala de espera.- Dijo con su elocuente y característico tono de chica seria -Hazlos pasar- Respondió el mientras firmaba el alta de uno de sus pacientes con aire soberbio. Unos segundos después la puerta se abrió y los tacones Prada de Juliet dejaron de escucharse en la alfombra del piso del despacho. William alzó la vista y se sorprendió de inmediato. Juliet, lejos de ser la hermosa modelo que él había visto en la tv, parecía una mujer de 50 años de esas que necesitan doble horario en el trabajo para sacar adelante a su familia. Las arrugas de su rostro habían logrado abrirse camino entre el botox y las cirugías estéticas, su cabello rubio atado en un moño y sus ojeras violáceas le daban un aspecto bastante descuidado y desalineado. Tenía los ojos hinchados y las blancas manos sostenían un bolso entre pequeños temblores -seguro está usando algún antidepresivo sin prescripción, además de mucho alcohol- Pensó apenado el joven médico. Jonnathan, por su parte, parecía inmutable. Su rostro anguloso y su barba apenas crecida le daban cierta calidez a su pálido rostro que resaltaba sus enormes ojos celestes. Era un hombre guapo, si, muy guapo. No había dudas de que Sara estaba ayudando a desmoronar los muros de su frágil matrimonio, que los medios de comunicación y el trabajo se habían encargado de comenzar a destruír desde el principio.

-Tomen asiento- Se apresuró a decir William, mirándolos con una sonrisa compasiva y bondadosa. Juliet y Jonn se sentaron, sin siquiera mirarse. -Bien, ayer estuve leyendo el archivo de su hija, y me ha quedado bastante clara la situación. Los he citado aquí pues necesito saber, antes de iniciar este tipo de terapia que aún está en fase experimental, si hay algún otro suceso de los últimos años que ustedes consideren que puede haber influido en el estado actual de Sara.- Se hizo un profundo silencio, tan incómodo que aquellos segundos se hicieron eternos. Al fin Juliet, en un tono bastante histérico y entre risitas nerviosas habló:

-Pues... si, sin duda la adolescencia lo terminó de arruinar. Mire doctor, no puedo decirle esto sin sentirme una pésima madre, pero hice todo lo que estuvo a mi alcance para que Sara fuese feliz... ¡solo deseaba una hija normal!. Sus incidentes de hace años, aquellos... brotes psicóticos casi han desaparecido, pero desde que entró en la adolescencia se ha vuelto una chica hipersexual, las hormonas gatillaron el problema como ya sabrá- Miró con tristeza a su marido- Al punto tal de seducir a su propio padre. Ha perdido muchas de las conductas socialmente inaceptables, parece que algunas veces no sabe diferenciar entre lo que está bien y lo que no, ella... ella simplemente hace las cosas. No reconoce los límites cuando la libido se le sube a la cabeza... no la culpé por el tema de mi marido, solo deseo que sea feliz, y no lo será así. Sara es una chica hermosa, y todos los hombres harían lo que fuera por estar con ella... bueno, en realidad es mucho más fácil que eso. Ya sabe doctor, me preocupa su salud, tengo mucho miedo por ella.

Aquellas palabras tan sinceras estremecieron a William... ¿Llegar al punto de intentar llevarse a la cama incluso a su propio padre?, sin duda Sara necesitaba ayuda. -No se preocupe señora Howard, lo que acaba de decirme no es algo ajeno a la condición actual de su hija, por supuesto es una conducta que intentaré erradicar utilizando todas las estrategias que estén a mi alcance- Juliet lo miró satisfecha pero no dijo nada, esta vez fue la grave voz de Jonnathan la que resonó en todos los rincones del alfombrado despacho, ronca y profunda, cargada de dolor; -Me avergüenzo de estar en esta situación, sufro porque mi pequeña ha perdido el juicio del todo... doctor, haga lo imposible para devolvernos a nuestra hija, tengo todo el dinero necesario para pagar por cualquier tratamiento que exista para la enfermedad de Sara, aquí o en cualquier otro hospital del mundo- Su voz se fue tornando débil hasta que fue engullida por el ruido de la avenida sobre la que se hallaba aquel sitio. Luego de algunos minutos el señor y la señora Howard se marcharon en su camioneta negra seguidos de un par de guardaespaldas. William los miró mientras se alejaban, y deseó más que nunca poner todo su conocimiento a disposición de aquellas personas, cuya integridad como pareja y figuras públicas prendía de un hilo. Rosie, la secretaria personal del doctor Bosch entró nuevamente en la habitación con unos papeles en las manos. -Han bajado a la señorita Howard de su piso, está ahora en la sala 5, esperándole... por cierto Emma Johnson tuvo una recaída, le he traído su expediente, ella está en la unidad de emergencias, pero la subirán a su piso a las 3, el doctor Coleman me ha pedido que le eche un vistazo cuando tenga tiempo- Dijo casi sin respirar. William asintió sin prestar casi atención, no podía dejar de pensar en Sara Howard. Tomó su grabadora y su libreta -además de la carpeta de la joven- y se dirigió a su encuentro. El hospital era enorme. La mayor parte de los pasillos escondían tristes historias tras sus muros, el aire olía a antiséptico, aquí y allá habían pacientes deambulando en su eterno delirio. Esquivó a un par de nurses y contempló la larga fila de los pacientes que habían sido llamados en enfermería para recibir sus medicinas. Subió al ascensor -aquel horrible ascensor antiguo que tanto detestaba- y al bajar divisó a lo lejos el número 5. Sala 5, piso 7... Allí le esperaba Sara. La mano le tembló un poco al tantear el pomo, vaciló unos segundos y luego abrió. La pequeña sala 5 no era más que una sala de entrevistas e interrogatorios, lúgubre e intimidante, escasamente amueblada. Allí los médicos recibían a sus pacientes estables para hacer terapia, también era el sitio donde generalmente conocían el problema al que se enfrentarían. Sara Howard estaba de espaldas. La melena dorada y ondeada le caía como una cascada sobre los hombros. Llevaba la misma bata que todos los demás. William cerró la puerta y se dirigió a su asiento... se sentía extraño... más que de costumbre. Tomó asiento y levantó la vista. Sus ojos se encontraron de inmediato con los de la chica. Un par de ojos celestes, profundos y vacíos... parecía estar desorientada, aunque lúcida y con buen color. No había dudas de que la genética la había favorecido, era una muchacha hermosa. De facciones delicadas pero bien marcadas, de una simetría perfecta, labios gruesos y sensuales -por dios, ¿Qué estoy pensando?-se dijo William algo alterado. Sintió como su pulso se aceleraba apenas. Sara lo miraba pero su gesto era nulo, no parecía expresar emoción alguna.

-Sara, mi nombre es William Bosch, a partir de ahora seré tu psiquiatra- Sonrió con timidez, sin saber que esperaba como respuesta (y eso no era algo que le sucediera a menudo). Sara se revolvió un poco en el asiento, se pasó la mano por el cabello echándoselo hacia atrás y contestó con evidente despreocupación e indiferencia: -No te preocupes Will, nadie puede ayudarme, deja mi psicosis en manos de los neurolépticos y lo otro... pues... no lo considero un problema- Sonrió y le guiñó un ojo al joven doctor. William se quedó petrificado. Esa chica lo confundía, parecía tan... ¿Cuerda?, ¿Sincera?, ¿Insinuante? Intentó recobrar su confianza y volvió a hablar: -Los neurolépticos hacen lo suyo, no tengo dudas, pero mis años de experiencia me han enseñado que una de las mejores maneras de ayudar al paciente es mediante la terapia, hablando Sara... respecto a tu problema sexual... no deberías menospreciarlo. No tengo dudas de que eres una chica inteligente, pero necesitas tomar el asunto con madurez- Se apresuró a decir. -¿Tomarme el problema con madurez?, ¿Es un problema que me guste el sexo doctor?, ¿Acaso a usted no le gusta?- Sara se levantó del asiento y se acercó a joven, que contuvo la respiración, se puso enfrente de el y le tocó la barbilla con suavidad, mientras con su otra mano recorría con firmeza el musculoso muslo de William, dirigiéndose sin rodeos hacia su entrepierna -Apuesto a que si te gusta, y mucho... y si yo fuera hombre este problema no sería considerado un problema, ¡Malditos machistas!- Gritó alejándose rápidamente del lado de William, que no sabía que hacer ni mucho menos que pensar. -Lo que tu consideras una enfermedad yo lo considero una manera de relajarme, un hobby... no le veo problema a eso, en tanto no ponga en riesgo mi salud... ¿Por qué no te preocupas de mis delirios y alucinaciones?, Oh, ¡ya sé!, mi madre te contó sobre lo de papá... Pues bueno, eso fue una tontería... no volverá a suceder- Sonrió con una falsa mueca de inocencia. -Bien, sé que estás convencida de que tienes razón, y no estoy aquí para contradecirte sino para que te des cuenta de tu error y cambies de parecer por voluntad propia.- Dijo William en un susurro, como si no creyera en sus propias palabras. Sara no lo volvió a mirar durante el tiempo que duró la charla, y William se marchó de allí preocupado, alarmado y... confundido. Los días pasaron, y la condición de Sara era cada vez peor. Había sido encontrada teniendo sexo con su compañera de habitación, por lo que el personal del hospital había decidido ponerla en un dormitorio separado del resto. Durante la terapia diaria había seducido más de una vez a William, al que le era cada vez más difícil dominarse. Sabía que no hacía falta mucho más para que Sara lograra que perdiera su moral y se acostara con ella. Le gustaba, y ese era el principal problema.
Las crisis psicóticas no habían mejorado mucho, y a los medicamentos habituales le habían agregado ahora otras drogas, intentando mantener todo bajo control. Sin embargo Sara estaba siempre lúcida y casi siempre perfectamente cuerda. Poco tiempo después, una noche durante una guardia, William cedió a los encantos e insinuaciones de Sara y le hizo el amor encima de su escritorio. Al fin había logrado comprender que el mayor problema de aquella chica, más que su desenfrenada libido, era su belleza y más aún, la debilidad de los hombres por el sexo. A la mañana siguiente se marchó de allí, rindiéndose por vez primera con un paciente, dejando una nota que expresaba sus deseos de viajar por motivos personales imprevistos y aconsejando que enviaran a su paciente al Hospital Mental Wittenham . La directora del hospital envió de inmediato una ambulancia para trasladarla, y Sara se marchó de allí con sus padres, que comenzaban a perder las esperanzas. El nuevo psiquiátrico era aún más grande y tétrico que el anterior, ubicado en una Isla cerca de Irlanda. Sin embargo, aquel sitio era la última carta que tenían Juliet y Jonn para jugarse y recuperar a su hija y su matrimonio. La dejaron allí y se marcharon, y aunque Sara pedía a gritos verlos, ellos no accedieron a sus súplicas, pues verla en ese estado solamente los sumía más en la miseria. Un nuevo médico había tomado el caso, un joven recién recibido llamado Matthew McKenny. Las primeras 48 horas tras el arribo, Sara estuvo sedada, pues el doctor McKenny temía que se hubiese desestabilizado y que repitiera uno de esos episodios psicóticos que había tenido no hacía mucho tiempo. Luego, con el transcurso de los días, Sara no mostraba signos de haber desmejorado, por lo que el médico anunció que estaba preparada para comenzar con la terapia. Esta vez no iba a ser atendida por un solo psiquiatra, sino por un equipo médico integral, formado por un psicólogo, dos psiquiatras y un asistente social. Poco tiempo después corría el rumor de que todo el personal se había acostado con Sara y de que la joven se masturbaba tanto que ya ni siquiera lo evitaba en público. Matthew McKenny perdía las esperanzas, y aunque luego de las 3 horas diarias de terapia salía convencido de que la señorita Howard era más que normal, los resultados de las acciones de Sara le demostraban lo contrario. No pasó mucho tiempo para que Sara lo sedujera a él también, pero ésta vez, la ética y los valores de su nuevo médico no le permitieron alcanzar su objetivo. Tuvo entonces un ataque de ira tan violento que tuvo que ser contenida y sedada por tres enfermeras. McKenny llamó de inmediato a los Howard y les comunicó la recaída de Sara, sugiriéndoles que se tomaran el asunto con calma, pues era bastante posible que su condición fuera permanente. Quizá aquello no era una enfermedad en sí misma, sino la expresión, el síntoma de algún otro trastorno, quizá Sara no era infeliz siendo quien era... Quizá el doctor McKenny estaba a punto de descubrir que aquella joven tenía motivos más serios para estar allí... Quizá Sara no deseaba recuperarse, y su trastorno hipersexual era nada más que la excusa perfecta para estar en el lugar donde quería estar.

# Familiares:

Jonnathan Howard: Hijo de un multimillonario inversionista Inglés, Jonnathan creció rodeado de lujos (aunque sin su madre, ya que esta murió en un accidente automovilístico cuando él apenas tenía 4 años). Estudió relaciones internacionales en la Universidad de Cambridge y poco tiempo después de recibirse heredó toda la fortuna de su padre -ya que no tenía hermanos- Se casó joven con la top model Juliet von Weizsäcker y se compró una de las mansiones más lujosas de Londres. Dos meses más tarde Juliet concibió a su primer y única hija, Sara. La relación de Jonn y Sara siempre fue sana, al menos durante su infancia y pre-adolescencia. Jonn sufrió muchísimo cuando a Sara se le diagnosticó una patología mental, y puso su fortuna en pos de encontrar una cura... o al menos una solución a largo plazo. Jonn siempre amó a su hija y ese sentimiento no cambió incluso después del incidente durante el cual su hija intentó acostarse con él.

Juliet von Weizsäcker: Nació en Munich, Alemania. Hija de una pareja de ingenieros, Juliet abandonó la Facultad en el 3er año (estudiaba ingeniería química) para dedicarse a su hobby, el modelaje. Dueña de una belleza avasalladora y exótica, fue durante varios años la supermodelo de varios diseñadores de renombre. Ganó el permio de Miss Universo en el año 2000, y participó en varias campañas publicitarias (perfumes, cosméticos y alta costura) e incluso apareció en varias películas y cortos alemanes, franceses y americanos. Conoció a Jonn en una fiesta en Inglaterra y se casó con él pocos años después. Su mayor aspiración en la vida siempre fue formar una familia, y tras el nacimiento de Sara, se sintió realizada. La amó desde el momento que supo que estaba embarazada, y siempre le dió todo -no solo cosas materiales, sino todo el amor que un hijo pudiera pedir-. Desde que Sara fue internada por primera vez, Juliet se transformó en otra persona. Los primeros meses de la enfermedad de su hija la llevaron a tal punto de stress que envejeció más de 10 años. Sin importar qué, Juliet siempre amó a Sara, y jamás se dió por vencida para encontrar una solución a su problema para poder llevarla de nuevo a vivir a su casa.




Otros Datos

# Gustos: La moda
Las joyas
Los perfumes
Estar al aire libre
Las frutillas
El sexo
El alcohol
Los coches
# Disgustos: La soledad
Las mentiras
La intolerancia
La oscuridad
El pescado
# Manías: Dormir con la luz encendida
# Miedos: No progresar en la vida
Que sus padres la ignoren
# Pasatiempos: Acosar a los hombres.

# Otros Datos:
# Medicamentos: Haloperidol y Risperidona (antipsicóticos).
# Antecedentes Médicos: Ingresada en el servicio de Emergencias por primera vez a sus 7 años, Sara fue diganosticada con trastorno psicótico breve. Las crisis -durante las cuales tenía alucinaciones no solo auditivas, sino visuales y delirios, perdiendo durante muchos minutos contacto con el mundo real- cedían a bajas dosis de antipsicóticos. Con el correr del tiempo las crisis comenzaron a aparecer cada vez con una frecuencia mayor, y estuvo internada varias veces en la pre-adolescencia, incluso tuvo que ser sedada en muchas ocasiones y el doctor que la trataba sugirió el electroshock, terapia a la cual sus padres se opusieron desde el principio. Sus inestabilidad mental le trajo aparejado problemas de relacionamiento en la secundaria y tuvo que hacer terapia -además de tomar algunos antidepresivos- para superarlo. Al llegar a la pubertad la psicosis casi había desaparecido, aunque por supuesto estaba medicada para eso (nunca le retiraron los neurolépticos). A sus 14 años le diagnosticaron un trastorno de hipersexualidad, y algunos años después la mayoría de sus ingresos en los centros de salud mental fueron debido a sus conductas sexuales inapropiadas. Al día de hoy se encuentra internada en el Hospital Mental Wittenham donde está siendo tratada para superar su problema de ninfomanía.



Última edición por Sara Howard el Mar Feb 21, 2012 5:27 pm, editado 5 veces
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Re: Sara Howard. (en construcción)

Mensaje por Chloë N. Kurtnikova el Dom Feb 19, 2012 7:39 pm

Postea cuando finalices Very Happy









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Once upon a time I was falling in love but now I'm only falling apart.

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Re: Sara Howard. (en construcción)

Mensaje por Sara Howard el Mar Feb 21, 2012 5:27 pm

Lista!
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Re: Sara Howard. (en construcción)

Mensaje por Charlotte E. Wittenham el Mar Feb 21, 2012 5:43 pm


F I C H A {#} A C E P T A D A
Bienvenida! Diviértete y rolea mucho C:
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